Hace unos años, si alguien me hubiera preguntado qué importancia tiene la decoración, probablemente le habría respondido que era algo secundario. Algo lindo de tener, pero no necesariamente importante. Hoy pienso completamente distinto.

A medida que fui creciendo, entendí que la casa en la que vivimos tiene mucho más impacto en nuestra vida de lo que solemos creer. Es el lugar donde arrancamos nuestros días, donde volvemos cuando estamos cansados, donde compartimos tiempo con las personas que queremos y donde atravesamos algunos de los momentos más importantes de nuestra vida. Sin embargo, muchas veces la armamos a las apuradas, comprando cosas por necesidad o simplemente porque había que llenar un espacio.

Creo que una casa debería construirse de otra manera.

No hablo de tener una casa perfecta ni de seguir todas las tendencias que aparecen en Pinterest. Tampoco de gastar una fortuna en decoración. Hablo de crear espacios que realmente nos representen, que nos hagan sentir cómodos y que tengan algo de nuestra personalidad.

Siempre me llamó la atención cómo un mismo ambiente puede generar sensaciones completamente diferentes dependiendo de los objetos que lo habitan. Una mesa no es solamente una mesa. Puede ser el lugar donde una familia cena todos los días. Un sillón no es solamente un sillón. Puede ser el rincón donde alguien lee, descansa o comparte una charla durante horas. Incluso los objetos más pequeños terminan formando parte de nuestra rutina sin que nos demos cuenta.

Quizás por eso me apasiona tanto este mundo.

Cuando empecé a imaginar Dabien's & co., nunca pensé únicamente en abrir un local. Lo que me entusiasmaba era la posibilidad de crear un espacio donde otras personas encontraran inspiración para sus hogares. Un lugar donde cada producto estuviera elegido con intención y no solamente por una cuestión estética.

Porque para mí una casa linda no es la que parece sacada de una revista. Es la que tiene vida. La que refleja a quienes viven ahí. La que mezcla objetos nuevos con recuerdos, diseño con funcionalidad, y donde cada rincón transmite algo.

Vivimos en una época donde todo parece pasar muy rápido. Estamos conectados todo el tiempo, corriendo de un lado para otro y pensando constantemente en lo que viene después. En medio de todo eso, la casa termina siendo nuestro refugio. El lugar donde podemos bajar un cambio, estar cómodos y sentirnos nosotros mismos.

Y quizás por eso creo que vale la pena dedicarle tiempo.

No para perseguir una imagen perfecta, sino para construir espacios que nos hagan bien.

Porque al final, más allá de cualquier tendencia o estilo decorativo, el verdadero lujo no está en tener una casa más grande ni más costosa. El verdadero lujo es abrir la puerta al final del día y sentir que estás exactamente donde querés estar.